Contextualizando la administración Giuliani

Rudy Giuliani fue alcalde de la ciudad de Nueva York durante los años 1994 al 2001 y hoy muchos países latinoamericanos le contratan por el récord de su administración en la reducción de los niveles de crímenes violentos de la gran manzana. No obstante hay mucho contexto que convenientemente es obviado al momento de las presentaciones del exalcalde. Giuliani y sus asociados aducen que la base de los resultados obtenidos son dos elementos: CompStat - un sistema de recopilación de datos combinado con aspectos gerenciales que ayuda a la toma de decisiones- y la implementación de la teoría de ventanas rotas. Pero ¿por qué entonces las ciudades y gobiernos latinoamericanos que han contratado los servicios de Giuliani se les ha hecho difícil replicar los resultados? Los invito a que analicemos el contexto nacional, estatal y municipal en el que gobernó Giuliani para entender los resultados alcanzados. Vayamos por partes.

El departamento de policía de Nueva York es la estructura paramilitar más numerosa en Estados Unidos con más de 34,000 miembros operativos actualmente y más de 16,000 empleados civiles, cerca de 9,000 vehículos terrestres y un presupuesto anual de $4,800 millones de dólares, el mismo tamaño de presupuestos generales de algunos países tales como El Salvador. La extensión territorial a cargo del departamento es de 790 kilómetros cuadrados y una población de más de 8 millones de habitantes.

Por otro lado veamos el contexto nacional. El exalcalde Giuliani tuvo la fortuna de gobernar durante el período de más abundancia en la economía de Estados Unidos de los últimos 80 años que fue administrado por el expresidente Bill Clinton cuya administración logró alcanzar varios años consecutivos de superávit fiscal. La administración Clinton apostó fuertemente a la revitalización de la zonas urbanas tales como la ciudad de Nueva York lo que generó empleos a tal punto que el índice de desempleo se redujo de casi 10% en 1992 a un par de décimas arriba de 4% en el año 2000.

Otro de los puntos importantes del legado de Clinton en zonas urbanas fue los fondos destinados para 150,000 nuevos policías a nivel nacional; el departamento de policía de Nueva York (NYPD por su siglas en inglés) se benefició con fondos para contratar 3,660 nuevos oficiales así como sumó 7,100 oficiales más al lograr autorización para fusionar la agencias municipales de tráfico y de vivienda con el NYPD. En total, el departamento de policía pasó de una membresía de 28,000 uniformados a un poco menos de 40,000.

Adicionalmente, la administración Clinton expandió en un 300% la inversión en programas de prevención y combate al crimen, fondos que el gobierno federal dotó a los municipios. Agencias federales como la fiscalía del distrito sur de Nueva York, el buró federal de investigaciones (FBI) y otras agencias de seguridad pública también incrementaron su accionar en la ciudad de Nueva York lo que sumó al presupuesto de seguridad pública.

Por otro lado la administración Clinton logró históricos acuerdos con el Congreso federal para hacer realidad la regularización de la venta de armas requiriendo la verificación de antecedentes de los compradores, prohibieron la venta de armas de grueso calibre por 10 años e incrementaron las penas para los responsables de crímenes violentos. Durante los 8 años de Clinton a nivel nacional se registró una reducción del 40% de los crímenes con armas de fuego y los homicidios relacionados a armas de fuego cometidos por menores de edad -mayoritariamente pandillas- se redujeron en un 50%. Para tener una mejor idea, en 1999 se registraron 227,000 crímenes por armas de fuego menos que en 1992.

Además de las reformas de seguridad pública, la economía de Estados Unidos como se mencionó previamente creció a pasos agigantados durante este período. De 1992 al año 2000 sólo se registra un año -1995- de crecimiento económico por debajo del 5%. Los otros 7 años de presidencia de Clinton, la economía creció a más del 5%, en su mayoría arriba del 6%. La ciudad de Nueva York, capital financiera del país, fue beneficiario directo de la bonanza.

Y a pesar del boom económico que vivía Estados Unidos y en especial la gran manzana, la administración Giuliani subió los niveles de deuda a $105,000 millones, estadísticas similares a las de la década de 1970s cuando la ciudad tuvo que declarar bancarrota. De no ser por las buenas finanzas federales y estatales, la historia fiscal de la ciudad hubiese sido precaria. En términos comparativos, la deuda de ciudad de Nueva York era mayor que la de Argentina.

Otro aspecto poco mencionado es el crecimiento de la población carcelaria de manera desproporcionada hispanos y afroamericanos en Rikers Island, el cual es el complejo carcelario más grande de los Estados Unidos administrado por una municipalidad con una población diaria aproximada de 10,000 reos y un presupuesto de aproximadamente $1,000 millones anuales.

Cualquier mandatario o alcalde latinoamericano que ponga en perspectiva estos números se dará cuenta inmediatamente que los resultados de Giuliani son difíciles de replicar. Más allá del CompStat y la teoría de ventanas rotas, existieron factores externos determinantes en la reducción de los niveles de crimen en Nueva York así como un alto endeudamiento que permitieron que la administración Giuliani incrementará su inversión en seguridad pública. Las preguntas que los latinoamericanos que promueven el modelo de Giuliani en sus países están obligados a hacerse son: ¿Están los países latinoamericanos asesorados por Giuliani dispuestos a endeudar desmesuradamente sus municipios o países? ¿Están sus economías en capacidad de enfrentar el reto? ¿Ante la falta de una bonanza económica similar a la de Estados Unidos en los años 1990s, de dónde salen los fondos para la inversión necesaria? ¿Están las personas que pagan impuestos- principalmente clase media y empresarios- dispuestos a pagar la carga tributaria indispensable para propiciar las circunstancias que conlleven a una réplica de condiciones para aplicar el modelo?