El Chapecoense y el Piloto Boliviano.

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Foto Tomada de Facebook.

"Es una satisfacción para nosotros que ellos (el Chapecoense) nos hayan elegido" decía sonriente Miguel Quiroga, el piloto que hablaba con emoción al decir que ellos podían personalizar su avión. En el exterior llevaban el logo de los Brasileros, con el #VamosChape, apoyando a que este pequeño equipo de fútbol se convierta en un gigante.

En el último video que se hizo antes de despegar
, a cargo del canal Gigavisión, las risas se apoderan de la imagen, se siente la alegría de todos los que iban en el vuelo 2933, desde Sissy Arias la joven co-piloto, hija del dueño de dicho canal que a último momento decidió subir en el vuelo, hasta el mismo equipo que tomaban al avión Avro RJ85 como un amuleto, y estaban contentos por el buen trato que ya habían recibido. Era un avión familiar, dentro un negocio familiar, en un país que todo funciona de una manera familiar...y parecía que nada podía salir mal.

El martes, el mundo se despertó conmocionado, ante la noticia de que la noche pasada el avión se estrelló contra un cerro cerca a Medellín, donde debían aterrizar. 71 muertos de Brasil, Bolivia, Paraguay y Venezuela enlutaron a Sudamérica. Fue la primera vez que muchos escuchan sobre esta empresa LaMia, una empresa Venezolana, que funcionaba hace tres años en Bolivia y que tenía contratos de vuelos chárter con diferentes equipos de fútbol, empresas de turismo y con el sector de hidrocarburos y minería del país. No era la primera vez que hacía el recorrido de Santa Cruz a Medellín, a pesar de que se sabía que la capacidad de su gasolina no cumplía con las exigencias. Al piloto del avión familiar, le importo poco el volar con la gasolina justa para llegar a su destino, rompiendo con todas las normas de aviación, "no es su culpa", la verdad es que esta actitud es parte de la idiosincrasia boliviana. En Bolivia, todo funciona en familia y el profesionalismo vale menos que un pedazo de papel higiénico, al responsable se lo trata de ingenuo y mientras más tramposo seas, te va ir mejor, especialmente, si perteneces a alguno de los clanes familiares que están en el poder.

Por eso, no me parece extraño, que el piloto no declare emergencia, sabiendo que ya no tiene gasolina, "no es su culpa", es parte de la idiosincrasia boliviana, que en vez de afrontar la responsabilidad de sus actos, el piloto del avión familiar, trate con mucho optimismo lograr aterrizar, sin tener que afrontar un juicio y una multa. Aquí no importa la vida de nadie, con tal de no asumir tu responsabilidad, todo vale.

Pero aquí va el dato más importante ¿Por qué dejaron despegar un avión que tenía cinco observaciones en su plan de vuelo? ¿Por qué en Colombia pensaban que el avión, venía de Cobija y no de Santa Cruz? ¿Cómo una empresa que no está registrada en el Ministerio de Trabajo puede funcionar con el permiso de dos entidades gubernamentales como AASANA y la Dirección General de Aeronáutica Civil? ¿Y cómo tiene licencia si no cuenta con los requisitos exigidos? La respuesta es simple, porque era un avión familiar, en un negocio familiar, en un país que todo funciona en familia. El director de LaMia, Gustavo Vargas, es el padre de el director del Registro Aeronáutico Nacional Boliviano, la organización que aprueba licencia a los aviones, emite certificaciones y monitorea los asuntos legales que puedan afectar a los aviones y a las compañías operadoras. El Director de LaMia, un piloto militar retirado, que también fue piloto personal de Evo Morales, Tuto Quiroga y otros políticos bolivianos, ahora dice que "no es su culpa", que el ser el padre del que da los permisos de funcionamiento no tiene "nada que ver", que el no era socio de la aerolínea, solo su director general. Socio de LaMia, era el piloto, que se dejo llevar por el "no me importismo" y la idiosincrasia boliviana, pero fue el sistema corrupto que dio luz verde a que se realice un vuelo que nunca debió suceder.

Ojalá que esta investigación no se quede 'en familia', como quisieran todas las autoridades bolivianas, y que caiga quien caiga, esta vez nuestros trapos sean lavados al sol.

Encontrar a todos los responsables, no devolverá a la vida a las 71 personas, que confiaron en un sistema que se supone llevaría a una de las promesas futbolísticas de Brasil a cumplir un sueño anhelado, a periodistas a cubrir uno de los eventos deportivos más esperados en la región, a la tripulación que estaba orgullosa que su pequeña compañía sea elegida por extranjeros, a seres humanos de todas las edades que no esperaban morir ese día, pero castigar a los responsables, podría evitar otra tragedia similar y enseñarnos a los bolivianos, que el nepotismo y la corrupción de nuestra sociedad, nos esta costando demasiado caro.

Co-Escrito con Andrea Monasterios.