Mi Derecho a la Dignidad - Feliza Alí

El 23 de septiembre de 1995 fue un día decisivo para Lilí, pues ese día murió y volvió a nacer como Feliza, su nombre de bautizo. Dejó una identidad que no le correspondía y asumió una vida que un vidente no le quiso contar, cuando días antes de su accidente le cerró la palma de su mano antes de decirle lo que el destino le deparaba. "¿Qué has visto? ¡Si me voy a morir que sea en un accidente!" le dijo al adivinador, medio en chiste, medio en serio, sin saber que estaría sentenciando su futuro.

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Feliza en la Caravana que recorrió 370 km en su silla de ruedas desde Cochabamba a La Paz.

Fidelia Feliza Alí Ramos nació en octubre de 1970 en Río Grande, a dos horas y media de Uyuni, en esos años no había más de 20 familias y la única manera de llegar era en tren una vez por semana. Pronto su familia se mudó a Uyuni para establecerse y dejar crecer ocho hermanos.
Su papá fue a la escuela hasta quinto básico, mientras que su mamá solo hasta segundo. A la mamá de Feliza, la regalaron a un pariente porque en su familia eran demasiado pobres. Recibió un trato indignante y no la dejaron cumplir su sueño de ser profesora, por eso juró que sus hijas estudiarían.

Ella sabía que de grande no quería vender, oficio que realizó casi toda su juventud para ayudar a su mamá, pero que detestaba. "Rapidito entendía todo" aunque le costó entender por qué su madre estaba siempre enojada con su padre. Cuando tuvo 18 y lo encontró infraganti con otra mujer recién pudo dejar de juzgarla. El papá de Feliza, no veía mas futuro que el de la cocina para sus seis hijas mujeres, su mamá al contrario, contra viento y marea, cumplió su promesa y ayudo a todas sus hijas a ser profesionales. Feliza se fue a Potosí, para estudiar una carrera que recién se había abierto: Trabajo social, aunque no tenía mucha idea a lo que se estaba metiendo. Cuando estuvo a punto de dejar la universidad, porque no era algo que realmente le apasionara en esos años. Fue el amor de su madre que la impulsó. Todas las semanas le mandaba encomiendas llenas de frutas y hasta las verduras picadas, mientras que a sus compañeras tal vez les llegaba algo una vez al mes.

En la universidad, encontró su vocación de líder, estaba dentro del centro de estudiantes, "No me había dado cuenta hasta ahora, que desde niña siempre fui corajuda" piensa para sí misma al relatar cómo fue la mejor alumna de su clase.

Dos días después de egresar ya tenía trabajo, se fue a las minas de Huanuni aunque no estaba muy conforme, no pasaban muchas cosas por allá, ella quería seguir estudiando, Feliza quería ser como Miriam Gamboa, una docente que conoció cuando hacía prácticas en el sector de la salud "¡Qué capisima, le discutía a los doctores en plenos eventos, ella no se dejaba. Era consultora de la OEP, yo quería ser como ella y salir del país para seguir formándome, esa era mi meta". Recuerda y su mirada se pierde en la memoria.

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Feliza llegando al Japon, 2011.

La cadena de eventos antes del accidente que sufrió el 23 de septiembre de 1995, en el que cinco personas murieron en el camino de Tupiza a Potosí, empezó con Erli, su enamorado de cinco años que le había pedido que se vaya a vivir a Potosí con él. Ella tenía que ir a un congreso en el que aprendería sobre el Che Guevara en Tupiza, cuando llegó no había nada, Erli le había pedido que se queden ese día pero ella no quiso y emprendió su vuelta a Potosí. Compró un pasaje en una flota, cuando subió, el asiento que le correspondía estaba ocupado, y la fecha del ticket estaba equivocado. Fueron a hablar con la encargada quien les pidió que no le avisen a su supervisora. "Vas a ir cómoda en otro asiento, la flota está vacía" le dijo, ella aceptó y bajó a comprar refresco, en el trajín perdieron la flota. Ella es bajita, mide 1, 48 mts, por eso siempre andaba con tacos de 10 cm. Razón por la que no podía correr, fue Erli quien hizo detener la flota para que se suba, sin saber que la embarcaría al cambió más drástico de su vida.

Una vez en la flota, leía la historia de una mujer que había perdido toda la movilidad de su cuerpo y con ella descubrieron la enfermedad Guille-Barren, acongojada por semejante relato se durmió sobre el libro. Lo siguiente que escuchó fueron gritos, el movimiento brusco cada vez era más estrepitoso. Las ventanas se habían roto, su cabello largo se enredaba con las piedras que arrastraba el camino "me he tenido que arrancar el pelo desde el cuero cabelludo y así poderme liberar" Feliza fue expulsada del bus y quedó boca abajo. Solo sintió sangre en su mentón, todavía tiene la herida que es perceptible cuando la muestra, no podía mover sus piernas, estaban entumecidas.

Cuando llegó al hospital necesitaba la firma de un pariente para que la operen de inmediato, no había nadie. Sus papas, tardaron tres días en llegar hasta donde estaba, ya le habían hecho radiografías a pesar del dolor increíble que sentía y sus suplicios para que no la muevan. Hubo mucha negligencia médica, la que hizo que pierda la oportunidad de volver a caminar. Sus vértebras presionaban su médula, y ella sabía que esa células jamás se regenerarían.

A los cuatro años de condenar a su hermanito a ser su asistente personal trató de suicidarse tomando medicamentos e inyectándose porque sentía que nunca más encajaría en este mundo. Su hermanito tenía el labio leporino y al verla a Feliza haciendo eso le dijo que ella estaba sufriendo lo que él había padecido toda su vida. Ese fue el detonante que hizo que su incansable espíritu de lucha dejé el lugar del accidente y vuelva a su cuerpo, porque el destino le exigía a Feliza continuar con más luchas.

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Feliza en dia de su matrimonio, con su hermanito que la empuja, a lado se su mamá y papá.

Entonces fue cuando leyó la ley 106 que le pareció magnifica porque era inclusiva, fue hasta La Paz para saber cómo hacer respetar esa ley. Buscó la COBOPDI (Confederación boliviana de personas con discapacidad) Le dijeron que tenía que primero existir una federación, entonces organizó a otras personas con discapacidad en Sucre y volvió a ser la líder que siempre fue. Por un tiempo de nuevo tuvo que volver a Uyuni con su familia, no lo soportó, necesitaba su libertad, amaba su libertad, no soportaba que le digan que hacer y qué no hacer. ¡Quería su libertad!

A los dos años del accidente Erli la dejó presionado por su familia y amigos por que le decían que qué iba a hacer con una mujer fallada, que si tenían hijos él tendría que cuidar al bebé, que él ya iba a sacar su profesión y un montón de mujeres querrían estar con él. Con esa decepción Feliza nunca más pensó en una pareja, sin sospechar que en 2003 conocería a Marcelo, un abogado con secuela de polio con quien se casó en 2014.

Lo más inaudito en esta historia que aparenta ser de solo lucha, es que Feliza ganó. Ella logró cumplir sus sueños, fue consultora y viajó por 19 países: México, Perú, Panamá, Cuba, Irlanda y Japón son solo algunos de los países que ha visitado, muchas veces invitada, realizó talleres de vida independiente, se despojó de los prejuicios sobre ella misma, se empoderó y empezó a ayudar a aceptarse a si mismos a los demás. Este año Feliza fue reconocida por el defensor del pueblo, como una de las doce lideresas, que aportaron a la lucha por los derechos de las mujeres en Bolivia.

La vida de Feliza, después de haber terminado su tesis y hacer maestrías, haber trabajado para el gobierno inglés y tener una entrada económica que jamás pensó obtener, pudo haberse mantenido sin ningún problema, ella planificaba un programa de turismo para personas con discapacidad. Pero fue cuando el gobierno japonés la invitó a participar de un nuevo taller de vida independiente que le abrió los ojos: Ella podía hacer que la vida de otras personas mejoren, entonces dejó de lado sus proyectos personales y ahora está a cargo de generar proyectos de vida independiente para personas con discapacidad en Sucre.

2016-05-20-1463723295-8179017-FelizayMarcelo2.jpg Feliza y Marcelo el 2013.

¿Pero y que pasó con Marcelo? Pues Feliza quiere ser madre, y Marcelo quiere ser padre, pero debido a la edad y su condición de discapacidad es difícil que puedan procrear naturalmente, entonces fueron a hacer un tratamiento in vitro, pero la marcha de las personas con discapacidad que empezó el 21 de marzo los encontró en el medio, dejando de lado, quizá su última oportunidad para ser padres. "No hay que forzar las cosas, si no se puede, no se puede, pero yo creo que si voy a poder, pero después que acabe todo esto, esta lucha es la más importante de mi vida" declara mientras desde afuera de su tienda de campaña a unas cuadras de la plaza Murillo, otras personas le vienen a pedir consejos y ayuda, o informar lo que está sucediendo con otros compañeros.

Tal vez así el vidente no le dijo parte de su destino por miedo a que se cumpla, pero si le dijo algo que mantiene su esperanza, le aseguró que tendría dos hijos. Feliza sonríe, Feliza es feliz por qué aprendió a serlo, porque es una mujer consecuente con su lucha. "Tengo miedo que me metan a la cárcel, pero voy a seguir hasta el final, porque se que mi lucha es justa, las personas con discapacidad tenemos el derecho a vivir con dignidad en este país y la renta mensual es el primer paso" Feliza, es feliz porque se demostró a si misma, que es capaz de cambiar una sociedad que siempre le tenía pena o le decía que no podía hacer cosa.

2016-05-20-1463723347-7003248-Feliza_Policia.jpg Feliza fue agredida por la Policia el Jueves 12 de Mayo, 2016.

*Parte de una serie de retratos de las personas con discapacidad en Bolivia que llevan 130 días luchando en las calles, exigiendo una renta mensual de $us 70, un cuarto del salario mínimo nacional, durante esta lucha las personas con discapacidad han sido gasificadas por la policia y muchas de sus protestas han sido reprimidas violentamente. El Gobierno Boliviano ha levantado un muro de dos metros y lo tiene resguardado por 400 policias y dos tanques de agua que no permite a las personas con discapacidad ejercer su derecho democratico de ingresar a la iconica Plaza Murillo.
Este retrato ha sido coescrito por la periodista Boliviana Andrea Monasterios.