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Nelson Mandela, Miami y Cuba: "Honrar honra"

La historia de los vínculos entre Nelson Mandela y Cuba es otra. Como otro es también su legado para la isla y la política de EE.UU hacia ella.
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No es que la ética sea el fuerte del del mal nombrado U.S.-Cuba Democracy PAC pero los muchachos de este lobby pro-embargo contra Cuba siempre sorprenden. Aprovechando las complicaciones de la salud de Nelson Mandela como pretexto, los cabilderos pro-embargo han construido un falso paralelo entre su causa y la del gigante moral sudafricano. Todo para justificar el embargo contra Cuba con el cuento de que esa misma política se aplicó contra la Sudáfrica del apartheid.

La historia de los vínculos entre Nelson Mandela y Cuba es otra. Como otro es también su legado para la isla y la política de EE.UU hacia ella.

Nelson Mandela se dedicó a la lucha por la dignidad humana. En su vida se entrelazaron dos tendencias progresistas de la segunda mitad del siglo XX: la descolonización de los pueblos de Asia, África y América Latina por una parte, y la democratización y los derechos humanos por la otra. No es ocioso recordar esta combinación pues no faltaron algunos líderes tercermundistas para los cuales la independencia de las metrópolis fue mera oportunidad para el abuso propio de sus conciudadanos.

La Guerra Fría en el cono sur africano terminó con la consolidación en el poder del Movimiento para la Liberación de Angola (MPLA), el Frente para la Liberación de Mozambique (FRELIMO), la organización popular de África sudoccidental (SWAPO) y el Congreso Nacional Africano (ANC), todos aliados de Cuba. El enfrentamiento al apartheid unió al ANC con los movimientos anticoloniales de las entonces colonias portuguesas de Angola y Mozambique. A través de la relación privilegiada de Cuba con el MPLA y el FRELIMO, tomó vigor un apoyo considerable del gobierno cubano a la lucha del ANC en Sudáfrica y la SWAPO en Namibia contra los racistas en Pretoria. Como luego reconocería Nelson Mandela en Matanzas, Cuba, la victoria militar angolano-cubana en Cuito Cuanavale "marca el viraje en la lucha para librar el continente y a nuestro país (Sudáfrica) del apartheid".

Ese agradecimiento al esfuerzo de combatientes, maestros y doctores cubanos en África valió a Mandela la condena de la derecha cubana en Miami. Dañando su propia causa, como reconociera luego el alcalde de Miami Alex Pénelas, el liderazgo derechista exiliado lanzó una ciega campaña de reproche contra el líder sudafricano a propósito de su visita al sur de la Florida.

Mandela era también enemigo jurado de Jesse Helms, el senador racista de Carolina del Norte, que defendió al apartheid, presentándolo como un modelo de democracia para África. Helms fue hasta su muerte el político predilecto de la derecha cubana en el congreso estadounidense, patrocinando la vergonzosa ley, que codificó el embargo contra Cuba. No es sorprendente que el presidente Obama haya encontrado en su reciente visita a Sudáfrica la crítica de importantes sectores de la coalición gobernante a su falta de liderazgo para poner fin al embargo estadounidense a Cuba.

Los partidarios del embargo contra Cuba tratan de equiparar esa política con las sanciones contra el régimen del apartheid. No tan rápido. La promoción de los derechos humanos en Cuba o en Sudáfrica por actores externos, incluidos los Estados Unidos, es una preocupación legítima en el derecho internacional. Pero los derechos humanos no son un mero pretexto para cualquier política intervencionista unilateral, sin relación alguna con la situación concreta del país en cuestión.

En Cuba ocurren violaciones a los derechos humanos pero referirse de la forma exagerada que lo hace el U.S.-Cuba Democracy PAC a la exclusión de los cubanos de usar medios náuticos en los hoteles como un "apartheid" solo trivializa lo que la comunidad internacional entera consideró un "crimen de lesa humanidad". Más aun las voces moderadas dentro de Cuba que han denunciado esa política discriminatoria con efectividad, como es el caso del corresponsal de la BBC Fernando Ravsberg y la revista católica "Espacio Laical" han mantenido siempre sana distancia del embargo contra Cuba y nunca han equiparado el tema cubano con el apartheid.

Las sanciones contra Sudáfrica fueron promovidas por la Organización de la Unidad Africana. Procuraban un cambio para eliminar la discriminación permanente por motivo de raza, no imponían un sistema político. El embargo estadounidense contra Cuba es una política unilateral, condenada tanto por la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños como por la Asamblea General de la ONU, que apoyaba casi unánimemente las sanciones contra Sudáfrica.

Los que apelan al ejemplo sudafricano como antecedente del embargo contra Cuba, no tienen siquiera la decencia de reconocer que las sanciones contra el apartheid nunca incluyeron una prohibición de viajar. En términos de las inversiones, el énfasis de las sanciones no fue en prohibirlas sino en un código de conducta asociado a la política de compromiso constructivo, que como su nombre indica era de interacción no de aislamiento. Si la política de sanciones hacia Sudáfrica hubiese absolutizado las reclamaciones de la mayoría negra como lo hace la ley Helms-Burton por la minoría de reclamantes de propiedades en Miami, todavía estaría en vigor. En Sudáfrica, la obsesión con reparar injusticias del pasado no bloqueó un futuro de reconciliación.

La política contra el apartheid maduró en la búsqueda de acuerdos políticos con el gobierno de Frederick De Klerk. La victoria del Congreso Nacional Africano fue una oportunidad de progreso y libertad para la nación sudafricana toda, no de revancha. Mandela insistió en encontrar vías de entendimiento que no arrinconaran a sus oponentes. No fue rehén del pasado, y alentó a tener una vocación por el diálogo y concentrarse en el futuro, donde están las mayores oportunidades de paz y desarrollo para su patria multicolor. Mandela también dio un ejemplo cuando después de liderar la transición retornó a la condición ciudadana sin perpetuarse en el poder, en la tradición de grandes líderes como Cincinnatus y George Washington.

El propio Fidel Castro, político radical, que no siguió aquella tradición, dijo que "Mandela no pasará a la historia por los 27 años consecutivos que allí vivió encarcelado sin ceder jamás en sus ideas; pasará porque fue capaz de arrancar de su alma todo el veneno que pudo crear tan injusto castigo; por la generosidad y la sabiduría en que en la hora de la victoria ya incontenible supo dirigir tan brillantemente a su abnegado y heroico pueblo, conociendo que la nueva Sudáfrica no podría jamás construirse sobre cimientos de odio y venganza".

Es esa vocación por la reconciliación nacional, por el diálogo, y por la defensa coherente de los derechos humanos el legado más relevante de Mandela para Cuba. Por ese sueño de reconciliación gallarda, todavía no logrado en Cuba, por su agradecimiento caballeroso al pueblo cubano, por el camino mostrado para que un día el gobierno y una oposición leal puedan dialogar, competir y cooperar en la defensa de los intereses nacionales, Mandela será siempre honrado en Cuba y ojala también en Miami, por siempre. . ¡Honrar Honra!.

P.S: Una versión en ingles de este articulo fue seleccionada por la South Africa Broadcasting Corporation para el dossier de homenaje mundial a Nelson Mandela.

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