Tecnoadictos: dopamina, amor y redes sociales

Los estudios apuntan a que existe un neurotransmisor en el cerebro llamado dopamina, el cual se activa con una sustancia llamada fenitelamina, la cual explica procesos humanos relacionados con el placer, y la más conocida que es el enamoramiento.

En efecto, cuando Cupido nos flecha, se desencadena una serie de reacciones químicas en el cerebro, donde la inundación de fenitelamina provoca la secreción del neurotransmisor, la dopamina, que potencia el sentimiento de placer. Al contrario, cuando existe una ruptura o cuando se asume que el amor no es correspondido, se inicia el llamado síndrome de abstinencia, similar a la provocada por la privación de alcohol o droga en pacientes con alto grado de dependencia, solo que acá ese síndrome ataca al enamorado, quien al ser privado del intercambio emocional de la persona amada, sufre asumiendo una serie de malestares producto de esta misma falta de dopamina, la hormona del placer.

Bajo esta reflexión, ¿puede la dopamina provocar placer en áreas del cerebro orientadas a Internet y las redes sociales? Diversas investigaciones (por ejemplo las de la Doctora Susan Weinschenk), señalan que la misma dopamina que hace que se amplifiquen los grados de enamoramiento, también afectan el cerebro y por ende al ser humano en su relación con algunos artefactos tecnológicos que no existían de forma masiva hace 20 años. Nos referimos a Internet, y a las redes sociales que han surgido en la red de redes, siendo las más conocidas Facebook y Twitter, aunque también podemos sumar la adicción al correo electrónico o a los juegos que están en la plataforma tecnológica.

En este sentido, en el caso de Facebook es conocido el alto nivel de adicción que ha provocado, lo que paralelamente ha generado millonarias ganancias para sus fundadores, al crear un producto altamente cotizado con una masiva aceptación en el mundo, siendo para muchos imprescindibles en su vida diaria, ya sea para mantenerse al día con los contactos, para jugar en línea con contendientes de muchos lugares del mundo, o también muchos ingresan como presión de su grupo social, quienes ven en esta red social un nuevo lugar de socialización.

Al revelarse la dopamina como "responsable" de la adicción al amor y a las redes sociales, cabe reflexionar si el consabido síndrome de abstinencia pudiera contrarrestarse con algún tipo de medicamento que sirva para combatir esa separación, aumentando artificialmente los niveles de fenitelamina para que active con mayor proporcionalidad la dopamina, concibiendo así un remedio ante todo tipo de separaciones, ya sea de las redes sociales o del ser amado, para de esta manera minimizar los malestares propios de la negación de la fuente de la necesidad, ya sea el amor, como el acceso a las redes sociales. Sin embargo, se debe admitir que un "remedio" de esa naturaleza plantearía serios dilemas éticos, ya que la supresión de ciertas emociones pudiera ser considerado contra algunos preceptos morales, éticos y religiosos que conciben al ser humano como un sistema intocable y sin derecho a perfeccionamiento, siendo como el alfa y omega de la vida, como el yin y el yang, negro y blanco, cielo y tierra, cielo o infierno.

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